LAS NIÑAS QUERÍAMOS SER PRINCESAS

b_380_0_16777215_00_images_princesa.jpgPorque nos obligaron.
Porque, desde pequeñitas, nos pusieron coronas, vestidos de tul, ropa que no nos dejaba jugar, porque no la podíamos manchar. Nos dijeron “qué niña más guapa” tantas veces, que nos creímos que era lo que importaba.

Y nos chutaron dosis diarias de príncipe azul, y así nos hicimos yonkies del amor, y aprendimos a necesitarlo para vivir.

Las princesas son guapas, están asustadas y se enamoran del primero que las salva. Y del segundo, y del tercero. Y esperan, encerradas en su torre, sin hacer nada para escapar de ella.

Y nosotras aprendimos a ser como ellas.
Aprendimos a obligarnos a ser guapas, que significa fracasar eternamente en intentar parecerles guapas a los demás.
Aprendimos a esperar a que el príncipe azul nos solucionara la vida, que significa construir nuestra existencia en torno a la idea de conseguir y mantener una pareja, y a sólo así sentirnos completas.
Aprendimos que estas dos cosas eran una pelea, que significa sentirnos amenazadas por todas las mujeres que nos rodean, no vaya a ser que sean más guapas, o que su torre le pille al príncipe más cerca.
Aprendimos a querernos poco, y sólo a costa de lo que nos quisieran otros.

Quedaos con mis vestidos de tul, mi príncipe azul, mi espejo y mi corona. Quedaos con mis complejos, mis miedos, mis vacíos y mis celos. Quedaos con todo eso que me habéis impuesto, que no lo quiero.

Porque necesito sitio para las botas, los libros, los cuchillos, los vasos y los ceniceros. Para los bolis, las fotos, los bocadillos y mis cuentos. Para los condones, la bici, los pinceles y los baberos. Para las cazuelas, los periódicos, el martillo, los clavos y los ligueros. Para bailar, correr, descansar y tirarme en la hierba a ver pasar el cielo. Para mis sueños, mis desastres y mis deseos. Para fracasar y empezar otra vez con mis proyectos. Para mis amigas, mis ligues, mis mujeres admiradas y mis no quieros. Para mi vida, al margen de lo que me aprendieron.

Quedaos con mi reino. Que a mí me hace falta sitio para el mundo entero.

 

FUENTE:

http://www.faktorialila.com/index.php/es/blog/82-faktoria-lila-web/blog/166-las-ninas-queriamos-ser-princesas

Anuncios

Violetta “El Boom Televisivo”

cumpleanos-spa-para-ninas-y-violetta-12988-MLC20069040591_032014-OEs importante detenerse y analizar los programas televisivos que están viendo nuestros niños y niñas. A nivel nacional la prioridad es transmitir programación infantil que busca multiplicar a potenciales consumidores y adormecer la creatividad innata de la infancia. Los programas infantiles educativos en las cadenas nacionales son nulos, es una realidad que nos afecta más de lo que creemos.

Entre la oferta del show televisivo que hay para los más chicos y las más chicas de la casa, encontramos a “Violetta” un nuevo éxito de Disney, qué se transmite en formato de serie o telenovela dirigido a adolescentes y pre-adolescentes según lo que anuncian en la página de la programación de Disney Channel. Esta producción ha alcanzado una alta sintonía a nivel internacional, incluso ha traspasado las barreras continentales. Acaba de concluirse una gira teatral por 12 países de Latinoamérica y Europa, entre ellos España, Italia, Francia y el Reino Unido con un total de venta de 925.000 entradas, según lo informado en el diario El País.

La trama, en palabras simples gira en torno a la aspiración hacia el éxito y la fama de una chica adolescente a través de la música entre enredos de amoríos infantiles. Llama la atención que si bien la serie se promueve para un público adolescente y pre-adolescente, entre los televidentes que la sigue encontramos niñas pequeñas menores de 7 años. Según el criterio del departamento de comunicación de Disney Channel el foco al que apunta su programación se divide en dos grupos: los niños y las niñas de 8 a 14 años de edad y el segundo grupo lo comprenden los menores de 2 a 7 años de edad. Por lo tanto el programa de Violetta se dirige principalmente al primer grupo, sin embargo el fenómeno de ésta serie está alcanzando (sobretodo) a las niñas más pequeñas.

En forma general los valores que la serie transmite son de exitismo, competencia y sexismo,  genera mayor inseguridad entre los niños y niñas, acentúa conductas que promueven la supremacía del género masculino y a los niños y niñas se les enseñan a creer que el camino hacia el éxito fastuoso brindará la felicidad.

habitacion

Si le prestamos más atención a la serie de Violetta, detectaremos estos mensajes que se emiten constantemente. Si bien el personaje es de una adolescente de 16 años, se presentan códigos sexistas que son emitidos para niñas menores, como por ejemplo la habitación de Violetta. Claramente es un mecanismo para atrapar la atención de las niñas menores, pues el diseño de la habitación se enmarca dejuguetesntro de los elementos que la sociedad impone para que las niñas se identifiquen con dichos objetos. Un cuarto ahogado en rosado, mariposas y florcitas en las paredes se convierten en los detalles que convierten este dormitorio adolescente en un espacio que las niñas más pequeñas también quisieran tener. A  esto se le suma, que se ha emplazado a Violetta en el mercado, pues Disney ha creado  miles de productos asociados al personaje, una poderosa herramienta de marketing que juega con las emociones de las niñas para vender más.

 

Otro elemento vestido-princesa-violetta-mi-mundo-on-beatnueva-temporada-7043-MLA5149401916_102013-Fque despista a las niñas entorno a lo que realmente es la adolescencia, es el atuendo del personaje principal. Violetta va siempre con un estilo infantilizado, con cintas en el pelo y la cintura, con estampados de flores y vestidos acampanados que no corresponden a lo que acostumbran vestir las  adolescentes, más bien se asemejan a aquellos vestidos que nos pusieron en la infancia para los paseos de día domingo, esos de vuelitos y blondas.

De este modo, los límites entre infancia y adolescencia son extremadamente borrosos y el mensaje que está recibiendo la audiencia del programa es que como niño o niña puedes actuar, pensar y vestir cómo adolescente, a pesar de no serlo. Esta situación repetida, sumado a otros tipos de constantes mensajes que se explicarán a continuación, acelera el proceso de crecimiento piscológico de las niñas e incluso puede incidir en la aceleración del proceso fisiológico. Así nos señala el psicólogo, Juan Pablo Montes, cuando se refiere a los efectos que produce en los niños y niñas la constante exposición de este tipo de programación televisiva: “Se les condiciona a preocuparse de necesidades que les incitan a diferenciarse del otro para sentirse superior, cómo es propio de la competencia y el exitismo. Esto puede provocar un crecimiento acelerado del cuerpo, y psicológicamente sus objetivos y deseos se dirigen a lo que se les impone. Además, la aprobación externa de los adultos por que se cumplan estos patrones, pasan a llevar en los niños y niñas sus verdaderas necesidades internas. Este condicionamiento o imposición de necesidades en los niños y niñas repercuten así en contra crecimiento sano, tanto físico como psicológico”.

Por otra parte se tiene el contenido de las canciones interpretadas por Violetta, también contribuyen a alejarlas de la infancia, ya que la gran mayoría retrata situaciones de amores complejos, amor con sufrimiento. Su contenido, la mayoría de las veces, se centra en una concepción del amor que para las mujeres acaba suponiendo la negación de su autonomía, la entrega ciega al príncipe azul que la salva y así finalmente se renuncia a la capacidad de discernimiento en nombre del amor. Detenerse en las frases textuales de las canciones nos ayuda a comprender el fundamento de esto “…Valió la pena todo hasta aquí, porque al menos te conocí..” “…Dime lo que quieres y no me hagas llorar, no juegues conmigo…” “…Yo sólo busco ser feliz con quien me cuide, que me proteja y no me olvide…” Y claro, podemos decir que este tipo de canciones no son noticia, que se vienen cantando hace Violetta_and_tomasrato por Luis Miguel o por Camilo Sesto, pero no olvidemos que el público que las está cantando y tarareando son principalmente niñas. Niñas entre 5 y 12 años que ven a Violetta cómo un modelo a imitar.

De este modo se refuerza entre las niñas el mito o creencia del amor romántico, que ha sido instaurado por la sociedad occidental desde la institución del matrimonio cristiano y hoy con la globalización ha sido explotado por la industria cinematográfica. Dicha construcción social del amor romántico es proyectada por la pantalla chica, enseñándoles a las niñas a tener expectativas mágicas, a la entrega incondicional por el amor. Tal como Violetta lo expresa en una canción: “…Si es por amor doy todo lo que soy, si es por amor todo será verdadero…”.

Y bajo este escenario de idealización del amor, el rol del varón será hacer todo lo posible para mantener a este concepto de mujer-objeto, justificando así los celos y todo tipo de control, que se visualiza en reiteradas escenas del programa. Concretamente los celos que tienen los novios de las actrices de reparto cuando ellas hablan con otros chicos y también por la resistencia que ejerce el padre de Violetta de que ella establezca cualquier tipo de relación con alguien del sexo opuesto.

Otro elemento esencial que se retroalimenta a través del concepto del amor romántico y que se basa en la estructura sexista de nuestra sociedad es la sobrevaloración de la belleza superficial, según los cánones occidentales que ha sido impuesta cómo una dictadura de la estética. Este mundo de belleza perfecta que presenta Violetta aparece como un modelo de éxito a seguir, este personaje se forja desde una representación estereotipada de lo femenino y del alcance de una felicidad superflua.

Esta presión que se ejerce hacia las niñas en torno a sus cuerpos, comienza a asentarse desde temprana edad. Generando frustración entre las niñas debido a que sus modelos a seguir en primer lugar son mujeres ya desarrolladas y en segundo lugar representan la belleza occidental que ha impuesto el mercado, alejándose de la diversidad de los cuerpos femeninos, provocando inseguridad y una baja del autoestima, que se acentúa en la adolescencia. Juan Pablo Montes nos aclara sobre este punto: “Al centrarnos en valores externos a uno mismo, que no representan nuestro ser interior y nuestro desarrollo armónico con el resto de los seres vivos, dejamos de contactarnos con nosotros mismos. Esto nos trae graves dificultades en nuestro desarrollo personal, ya que comenzamos a depender de estímulos externos para lograr algún tipo de bienestar. Esta dependencia hacia estímulos externos no nos permite madurar, nos dejamos de conocer a nosotros mismos, de escuchar que es realmente lo que necesitamos”.

Este tipo de programación, de mundos perfectos y burbujeantes es un ejemplo más de cómo los medios de comuncación han adoptado una determinada línea de producción que pretende uniformizar a la audiencia con el propósito de ajustar a la población a lo que ofrece el mercado, potenciando así a mejores consumistas. ¿Qué hacer frente a esta persistente realidad? Exigir cómo ciudadanos medios de comunicación educativos, sobre todo para niños y niñas. Además detenernos a explicarles a nuestros hijos e hijas el trasfondo que hay en los mensajes que entregan programas como Violetta, sentarse y mostrarles que la realidad no es cómo la pinta la tele, y por sobretodo acompañarlos en el sillón, enseñarles a diferenciar lo real de lo ficticio y mostrarles otras alternativas. Hacer de esto un ejercicio constante porque mientras tanto la pantalla chica se está encargando de entregarnos secuencias de imágenes que penetran luminosamente por nuestras corneas hasta instaurarse en el subconsciente colectivo. Imágenes ligadas a la frivolidad, la competencia, el exitismo, el amor romántico y la sobrevaloración de la belleza corporal.

elenco

 /Mawi

 

10174808_10151988653546213_5486120659352890734_n

Ni Super Héroes Ni Princesas!

Tenía que hacer las habituales compras de mercadería para la casa. Y me introduje por los pasillos del supermercado donde se encuentran aquellos productos con los que nos bombardean desde todos lados para que podamos poner en ejercio aquella libertad que proclama el libre mercado, para “elegir” el producto que llevaremos a nuestra despensa. En estos breves fragmentos de segundos, cuando vamos a tomar el producto escogido de la estanteria, es cuando vuelven las imagenes luminosas de los comerciales y esa sensación de búsqueda insaciable que se nos ha instaurado en lo más profundo de nuestra conciencia. Paseaba entre la gama de ofertas que se dirige hacia nuestras niñas y niños y que año tras año ha contribuido a generar más sobrepeso y trastornos alimenticios desde la tierna infancia. Buscaba entre los chocolates, alguno especial para sorprender a mi hija, y me encontré con uno de sus favoritos el –kinder sorpresa- que no lo compraba hace ya algún tiempo.

 kinder

 Lo curioso fue que la sopresa me la lleve sin comprar el chocolate, porque cuando vi esos huevitos en su perfecto ovalado, que se diferenciaban groseramente en su envoltorio distinguido por el color celeste y rosado, no pude dejar de abrir mi boca para poder asimilar tamaño asombro. Ante mis ojos se presentaba la evidencia palpable de la segregación sexista a la que se someten día a día nuestras criaturas. La división es abrupta y la posibilidad de elección es reducida ferozmente; es lo uno o lo otro, rosado o celeste,  princesa o super héroe, juguetes con ruedas o muñecas; eres niña o eres niño. La sociedad en general está limitando el medio social de nuestros hijos e hijas, creando una construcción social binaria. Separándonos.

En ese instante cuando tomaba el chocolate para examinarlo más de cerca (y me fui directo al rosado sin33637_1 titubear) pensaba con ira: ¿Acaso ahora es necesario tener vagina para poder comer determinado chocolate? ¿O es que se trata de un chocolate con cualidades e ingredientes especiales para las niñas? ¿Las hace más bellas, más delgadas y atléticas? ¿O tal vez al consumirlos nuestras hijas adquirirán rasgos finos de princesitas de Disney?

Este formato no sólo determina las conductas a seguir de las niñas, pues otorga las directrices conductuales de los niños también, entregándoles un mensaje claro acerca de las conductas a aspirar. Los niños tienen como referente la imagen de super héroe -exitoso e invencible-. La fuerza es el valor que prima, la competencia y la frivolidad también. En síntesis la socialización de los niños se basa en lo opuesto de lo femenino, apuntando hacia una constante negación de lo femenino, debido a que lo femenino es sinónimo de inferioridad. Esta estructura de pensamiento no hace más que coartar las posibilidades de nuestras hijas o hijos; generando niños con sensibilidad pobre, dificultad para expresar emociones y con escaso sentido de brindar cuidado a otros.

Educamos niños para dominar, les introducimos el chip de la competencia formándolos más individualistas, más agresivos y violentos. Niños preocupados de probar en todo momento que son aptos para mantener este estatus de masculinidad y que pueden ser “hombres de verdad”.

Por otro lado, las niñas se preparan para satisfacer las necesidades de ellos, deben preocuparse constante y obsesivamente de la apariencia física, se les enseña a centrarse en la moda, a maquillarse y a acostumbrarse a usar pantalones apretados y zápatos incómodos (más angostos y con taquitos), que lógicamente las ponen en desventaja ante los niños cuando llega el momento de correr o jugar y desplazarse de acuerdo a la exigencia física propia de esta edad. Las niñas permanecen en un segundo plano de manera inconsciente. Ocupando menos espacio que sus pares niños, permaneciendo invisibles la mayoría de las veces.

Este orden social se fortalece cuando a nuestros hijos e hijas les incentivamos el sexismo, por ejemplo, cuando a los niños les prohibimos jugar con muñecas, vestirse con accesorios de mamá y a las niñitas insistamos en comprarles cuentos, álbumes y cualquier plástico en general que incluya una princesa, que parece feliz y extasiada en ese mundo de brillantes, belleza y perfección.

El entorno en general (políticas educativas, medios de masas, productos de consumo, instituciones sociales), promueven este tipo de crianza de constante antagonismo, por lo que se hace difícil romper con esta estructura. Pero es necesario analizar qué le estamos entregando a nuestras hijas e hijos como elementos para el juego. Lo lúdico es el espacio para crear y comprender la realidad que tienen los niños y niñas, de ahí la importancia de que las personas a cargo de la crianza de un menor le tomen el peso a esta situación y filtren el mensaje de estos juegos, transformándolo en otro, que apunte hacia la construcción de una masculinidad y femeneidad plural. Lejos de la violencia de invencibles super héroes y apartados de los rosados encandilantes de princesas de labios rojos e inocentes.

Blanca nieves

/ Mawi

10174808_10151988653546213_5486120659352890734_n