LOS NIÑOS TAMBIÉN LLORAN.

Cuando pensamos en la sociedad moderna y su red que nos envuelve en un sistema patriarcal, se nos viene a la mente el concepto de discriminación de género. Sin embargo, estamos pensando en las mujeres, las jóvenes y las niñas. Pero, ¿qué hay de los niños y del desarrollo de ellos en la adolescencia? ¿Qué es lo que estamos proyectando cómo masculinidad? ¿Qué es lo que les estamos enseñando a los niños?

Nacemos como seres sexuados, pero vamos desarrollando nuestra identidad de género a medida que vamos creciendo y desarrollándonos. En la primera etapa de la vida somos un gran receptor de estímulos que provienen de nuestro entorno. Desde la teoría cognitiva evolutiva, se tiene que el desarrollo de género es paralelo al desarrollo intelectual. Según Kohlberg, las niñas y niños menores de tres años poseen una visión simplificada del género. Durante todo ese periodo no existe una conciencia desarrollada de la pertenencia de uno u otro sexo.

En otras palabras, las niñas y niños en esta etapa creen que bastaría con ponerse una falda y peluca para que un hombre se transforme en mujer. Por lo tanto, la construcción de los distintos roles que deben asumir cómo niño o niña comienza a gestarse desde antes de que exista conciencia de que entre mujeres y hombres hay una diferencia anatómica en el aparato reproductor. Sin embargo, la crianza de los infantes en nuestra sociedad, no se centra en la formación de personas sin importar el sexo, de formar buenos seres humanos que se preocupen por los demás de igual manera. Si no que más bien, los esfuerzos se van  canalizando dependiendo de si es que se está formando a un niño o una niña- una señorita o un hombre de verdad  Así educamos para que se cumpla un determinado lugar en la sociedad, el lugar de los hombres o el lugar que le corresponde a la mujer.

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Si nos centramos en la construcción social de la masculinidad, nos damos cuenta de que ésta es definida bajo un modelo único. Está hegemonía suprime cualquier otra forma de expresión masculina, la posibilidad de la coexistencia de diversas subjetividades masculinas es rotundamente negada. De este modo, el crecimiento de los niños se basa en la construcción de una identidad desde la constante negación: No se puede ser como las mujeres, por lo tanto los hombres no pueden ser emocionales. No pueden ser gay, generando fobia y negación de no contradecir al orden sexual del macho dominante. No pueden ser vulnerables, deben ejercer autoridad y exteriorizar la fuerza ocupando siempre el mayor espacio.

De este modo, criamos a los niños sin educación emocional, lo que genera niños que no saben expresar sentimientos, desencadenando generalmente en frustración e ira. A medida que dicha práctica se vaya perpetualizando la falta de autocontrol que caracteriza a los niños conllevará muchas veces a la agresividad y violencia durante la adultez y adolescencia.  Por otra parte, es muy común que en la adultez muchos hombres se ven imposibilitados de desarrollar vínculos de apegos con sus hijos o hijas, lo cual también tiene su raíz en la pobreza emocional con que crecen los niños. El aprender a cuidar de otros y la empatía, son ejemplos de características femeninas.

La constante estigmatización de las emociones en los hombres y niños, claramente está generando un quiebre en el modelo dominante, hoy están ocurriendo cambios a nivel estructural. Por ejemplo en los países escandinavos, a nivel estatal se promueve el post-natal paternal, sin duda que es un avance a pesar de que no es suficiente (pues los hombres tienen mayor salario que las mujeres). Pero en las familias jóvenes de hoy, muchos escogen dividirse el post-natal entre el padre y la madre por un tema de convicciones, sin dejarse influenciar por la economía. Esto nos indica que ha surgido una nueva representación de masculinidad.

El espacio lúdico, como transmisor de valores. "cuidado de otros"

El espacio lúdico, como transmisor de valores. “cuidado de otros”

Tal vez se puede hablar de un hombre que no le teme a expresar su sensibilidad, un hombre emocionalmente maduro y reconciliado con los prejuicios de la sociedad. Es importante entonces, que incentivemos la formación de masculinidades plurales. Abriendo espacios no sólo dentro del ámbito educativo sino que también en los medios de comunicación y la familia. Y que ser hombre o ser mujer sea una construcción mucho más compleja y no se torne en una simple afirmación impuesta antes de los dos años de edad que permanezca rígida a lo largo de la vida.

/Mawi

AcciónFem!

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Violetta “El Boom Televisivo”

cumpleanos-spa-para-ninas-y-violetta-12988-MLC20069040591_032014-OEs importante detenerse y analizar los programas televisivos que están viendo nuestros niños y niñas. A nivel nacional la prioridad es transmitir programación infantil que busca multiplicar a potenciales consumidores y adormecer la creatividad innata de la infancia. Los programas infantiles educativos en las cadenas nacionales son nulos, es una realidad que nos afecta más de lo que creemos.

Entre la oferta del show televisivo que hay para los más chicos y las más chicas de la casa, encontramos a “Violetta” un nuevo éxito de Disney, qué se transmite en formato de serie o telenovela dirigido a adolescentes y pre-adolescentes según lo que anuncian en la página de la programación de Disney Channel. Esta producción ha alcanzado una alta sintonía a nivel internacional, incluso ha traspasado las barreras continentales. Acaba de concluirse una gira teatral por 12 países de Latinoamérica y Europa, entre ellos España, Italia, Francia y el Reino Unido con un total de venta de 925.000 entradas, según lo informado en el diario El País.

La trama, en palabras simples gira en torno a la aspiración hacia el éxito y la fama de una chica adolescente a través de la música entre enredos de amoríos infantiles. Llama la atención que si bien la serie se promueve para un público adolescente y pre-adolescente, entre los televidentes que la sigue encontramos niñas pequeñas menores de 7 años. Según el criterio del departamento de comunicación de Disney Channel el foco al que apunta su programación se divide en dos grupos: los niños y las niñas de 8 a 14 años de edad y el segundo grupo lo comprenden los menores de 2 a 7 años de edad. Por lo tanto el programa de Violetta se dirige principalmente al primer grupo, sin embargo el fenómeno de ésta serie está alcanzando (sobretodo) a las niñas más pequeñas.

En forma general los valores que la serie transmite son de exitismo, competencia y sexismo,  genera mayor inseguridad entre los niños y niñas, acentúa conductas que promueven la supremacía del género masculino y a los niños y niñas se les enseñan a creer que el camino hacia el éxito fastuoso brindará la felicidad.

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Si le prestamos más atención a la serie de Violetta, detectaremos estos mensajes que se emiten constantemente. Si bien el personaje es de una adolescente de 16 años, se presentan códigos sexistas que son emitidos para niñas menores, como por ejemplo la habitación de Violetta. Claramente es un mecanismo para atrapar la atención de las niñas menores, pues el diseño de la habitación se enmarca dejuguetesntro de los elementos que la sociedad impone para que las niñas se identifiquen con dichos objetos. Un cuarto ahogado en rosado, mariposas y florcitas en las paredes se convierten en los detalles que convierten este dormitorio adolescente en un espacio que las niñas más pequeñas también quisieran tener. A  esto se le suma, que se ha emplazado a Violetta en el mercado, pues Disney ha creado  miles de productos asociados al personaje, una poderosa herramienta de marketing que juega con las emociones de las niñas para vender más.

 

Otro elemento vestido-princesa-violetta-mi-mundo-on-beatnueva-temporada-7043-MLA5149401916_102013-Fque despista a las niñas entorno a lo que realmente es la adolescencia, es el atuendo del personaje principal. Violetta va siempre con un estilo infantilizado, con cintas en el pelo y la cintura, con estampados de flores y vestidos acampanados que no corresponden a lo que acostumbran vestir las  adolescentes, más bien se asemejan a aquellos vestidos que nos pusieron en la infancia para los paseos de día domingo, esos de vuelitos y blondas.

De este modo, los límites entre infancia y adolescencia son extremadamente borrosos y el mensaje que está recibiendo la audiencia del programa es que como niño o niña puedes actuar, pensar y vestir cómo adolescente, a pesar de no serlo. Esta situación repetida, sumado a otros tipos de constantes mensajes que se explicarán a continuación, acelera el proceso de crecimiento piscológico de las niñas e incluso puede incidir en la aceleración del proceso fisiológico. Así nos señala el psicólogo, Juan Pablo Montes, cuando se refiere a los efectos que produce en los niños y niñas la constante exposición de este tipo de programación televisiva: “Se les condiciona a preocuparse de necesidades que les incitan a diferenciarse del otro para sentirse superior, cómo es propio de la competencia y el exitismo. Esto puede provocar un crecimiento acelerado del cuerpo, y psicológicamente sus objetivos y deseos se dirigen a lo que se les impone. Además, la aprobación externa de los adultos por que se cumplan estos patrones, pasan a llevar en los niños y niñas sus verdaderas necesidades internas. Este condicionamiento o imposición de necesidades en los niños y niñas repercuten así en contra crecimiento sano, tanto físico como psicológico”.

Por otra parte se tiene el contenido de las canciones interpretadas por Violetta, también contribuyen a alejarlas de la infancia, ya que la gran mayoría retrata situaciones de amores complejos, amor con sufrimiento. Su contenido, la mayoría de las veces, se centra en una concepción del amor que para las mujeres acaba suponiendo la negación de su autonomía, la entrega ciega al príncipe azul que la salva y así finalmente se renuncia a la capacidad de discernimiento en nombre del amor. Detenerse en las frases textuales de las canciones nos ayuda a comprender el fundamento de esto “…Valió la pena todo hasta aquí, porque al menos te conocí..” “…Dime lo que quieres y no me hagas llorar, no juegues conmigo…” “…Yo sólo busco ser feliz con quien me cuide, que me proteja y no me olvide…” Y claro, podemos decir que este tipo de canciones no son noticia, que se vienen cantando hace Violetta_and_tomasrato por Luis Miguel o por Camilo Sesto, pero no olvidemos que el público que las está cantando y tarareando son principalmente niñas. Niñas entre 5 y 12 años que ven a Violetta cómo un modelo a imitar.

De este modo se refuerza entre las niñas el mito o creencia del amor romántico, que ha sido instaurado por la sociedad occidental desde la institución del matrimonio cristiano y hoy con la globalización ha sido explotado por la industria cinematográfica. Dicha construcción social del amor romántico es proyectada por la pantalla chica, enseñándoles a las niñas a tener expectativas mágicas, a la entrega incondicional por el amor. Tal como Violetta lo expresa en una canción: “…Si es por amor doy todo lo que soy, si es por amor todo será verdadero…”.

Y bajo este escenario de idealización del amor, el rol del varón será hacer todo lo posible para mantener a este concepto de mujer-objeto, justificando así los celos y todo tipo de control, que se visualiza en reiteradas escenas del programa. Concretamente los celos que tienen los novios de las actrices de reparto cuando ellas hablan con otros chicos y también por la resistencia que ejerce el padre de Violetta de que ella establezca cualquier tipo de relación con alguien del sexo opuesto.

Otro elemento esencial que se retroalimenta a través del concepto del amor romántico y que se basa en la estructura sexista de nuestra sociedad es la sobrevaloración de la belleza superficial, según los cánones occidentales que ha sido impuesta cómo una dictadura de la estética. Este mundo de belleza perfecta que presenta Violetta aparece como un modelo de éxito a seguir, este personaje se forja desde una representación estereotipada de lo femenino y del alcance de una felicidad superflua.

Esta presión que se ejerce hacia las niñas en torno a sus cuerpos, comienza a asentarse desde temprana edad. Generando frustración entre las niñas debido a que sus modelos a seguir en primer lugar son mujeres ya desarrolladas y en segundo lugar representan la belleza occidental que ha impuesto el mercado, alejándose de la diversidad de los cuerpos femeninos, provocando inseguridad y una baja del autoestima, que se acentúa en la adolescencia. Juan Pablo Montes nos aclara sobre este punto: “Al centrarnos en valores externos a uno mismo, que no representan nuestro ser interior y nuestro desarrollo armónico con el resto de los seres vivos, dejamos de contactarnos con nosotros mismos. Esto nos trae graves dificultades en nuestro desarrollo personal, ya que comenzamos a depender de estímulos externos para lograr algún tipo de bienestar. Esta dependencia hacia estímulos externos no nos permite madurar, nos dejamos de conocer a nosotros mismos, de escuchar que es realmente lo que necesitamos”.

Este tipo de programación, de mundos perfectos y burbujeantes es un ejemplo más de cómo los medios de comuncación han adoptado una determinada línea de producción que pretende uniformizar a la audiencia con el propósito de ajustar a la población a lo que ofrece el mercado, potenciando así a mejores consumistas. ¿Qué hacer frente a esta persistente realidad? Exigir cómo ciudadanos medios de comunicación educativos, sobre todo para niños y niñas. Además detenernos a explicarles a nuestros hijos e hijas el trasfondo que hay en los mensajes que entregan programas como Violetta, sentarse y mostrarles que la realidad no es cómo la pinta la tele, y por sobretodo acompañarlos en el sillón, enseñarles a diferenciar lo real de lo ficticio y mostrarles otras alternativas. Hacer de esto un ejercicio constante porque mientras tanto la pantalla chica se está encargando de entregarnos secuencias de imágenes que penetran luminosamente por nuestras corneas hasta instaurarse en el subconsciente colectivo. Imágenes ligadas a la frivolidad, la competencia, el exitismo, el amor romántico y la sobrevaloración de la belleza corporal.

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 /Mawi

 

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Ni Super Héroes Ni Princesas!

Tenía que hacer las habituales compras de mercadería para la casa. Y me introduje por los pasillos del supermercado donde se encuentran aquellos productos con los que nos bombardean desde todos lados para que podamos poner en ejercio aquella libertad que proclama el libre mercado, para “elegir” el producto que llevaremos a nuestra despensa. En estos breves fragmentos de segundos, cuando vamos a tomar el producto escogido de la estanteria, es cuando vuelven las imagenes luminosas de los comerciales y esa sensación de búsqueda insaciable que se nos ha instaurado en lo más profundo de nuestra conciencia. Paseaba entre la gama de ofertas que se dirige hacia nuestras niñas y niños y que año tras año ha contribuido a generar más sobrepeso y trastornos alimenticios desde la tierna infancia. Buscaba entre los chocolates, alguno especial para sorprender a mi hija, y me encontré con uno de sus favoritos el –kinder sorpresa- que no lo compraba hace ya algún tiempo.

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 Lo curioso fue que la sopresa me la lleve sin comprar el chocolate, porque cuando vi esos huevitos en su perfecto ovalado, que se diferenciaban groseramente en su envoltorio distinguido por el color celeste y rosado, no pude dejar de abrir mi boca para poder asimilar tamaño asombro. Ante mis ojos se presentaba la evidencia palpable de la segregación sexista a la que se someten día a día nuestras criaturas. La división es abrupta y la posibilidad de elección es reducida ferozmente; es lo uno o lo otro, rosado o celeste,  princesa o super héroe, juguetes con ruedas o muñecas; eres niña o eres niño. La sociedad en general está limitando el medio social de nuestros hijos e hijas, creando una construcción social binaria. Separándonos.

En ese instante cuando tomaba el chocolate para examinarlo más de cerca (y me fui directo al rosado sin33637_1 titubear) pensaba con ira: ¿Acaso ahora es necesario tener vagina para poder comer determinado chocolate? ¿O es que se trata de un chocolate con cualidades e ingredientes especiales para las niñas? ¿Las hace más bellas, más delgadas y atléticas? ¿O tal vez al consumirlos nuestras hijas adquirirán rasgos finos de princesitas de Disney?

Este formato no sólo determina las conductas a seguir de las niñas, pues otorga las directrices conductuales de los niños también, entregándoles un mensaje claro acerca de las conductas a aspirar. Los niños tienen como referente la imagen de super héroe -exitoso e invencible-. La fuerza es el valor que prima, la competencia y la frivolidad también. En síntesis la socialización de los niños se basa en lo opuesto de lo femenino, apuntando hacia una constante negación de lo femenino, debido a que lo femenino es sinónimo de inferioridad. Esta estructura de pensamiento no hace más que coartar las posibilidades de nuestras hijas o hijos; generando niños con sensibilidad pobre, dificultad para expresar emociones y con escaso sentido de brindar cuidado a otros.

Educamos niños para dominar, les introducimos el chip de la competencia formándolos más individualistas, más agresivos y violentos. Niños preocupados de probar en todo momento que son aptos para mantener este estatus de masculinidad y que pueden ser “hombres de verdad”.

Por otro lado, las niñas se preparan para satisfacer las necesidades de ellos, deben preocuparse constante y obsesivamente de la apariencia física, se les enseña a centrarse en la moda, a maquillarse y a acostumbrarse a usar pantalones apretados y zápatos incómodos (más angostos y con taquitos), que lógicamente las ponen en desventaja ante los niños cuando llega el momento de correr o jugar y desplazarse de acuerdo a la exigencia física propia de esta edad. Las niñas permanecen en un segundo plano de manera inconsciente. Ocupando menos espacio que sus pares niños, permaneciendo invisibles la mayoría de las veces.

Este orden social se fortalece cuando a nuestros hijos e hijas les incentivamos el sexismo, por ejemplo, cuando a los niños les prohibimos jugar con muñecas, vestirse con accesorios de mamá y a las niñitas insistamos en comprarles cuentos, álbumes y cualquier plástico en general que incluya una princesa, que parece feliz y extasiada en ese mundo de brillantes, belleza y perfección.

El entorno en general (políticas educativas, medios de masas, productos de consumo, instituciones sociales), promueven este tipo de crianza de constante antagonismo, por lo que se hace difícil romper con esta estructura. Pero es necesario analizar qué le estamos entregando a nuestras hijas e hijos como elementos para el juego. Lo lúdico es el espacio para crear y comprender la realidad que tienen los niños y niñas, de ahí la importancia de que las personas a cargo de la crianza de un menor le tomen el peso a esta situación y filtren el mensaje de estos juegos, transformándolo en otro, que apunte hacia la construcción de una masculinidad y femeneidad plural. Lejos de la violencia de invencibles super héroes y apartados de los rosados encandilantes de princesas de labios rojos e inocentes.

Blanca nieves

/ Mawi

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